[Nota mental: Estandarizar formato de posteo, porque con tanto tiempo entre post y post y tanto cambio de diseño, me está quedando todo como un churriblog]
Quien no me haya aguantando las charlas sobre lo mucho que mola Japón y los japoneses, es que no ha pasado mucho tiempo conmigo.
El tema volvió a surgir el otro día entre istharis y yo cuando nos dirigíamos al centro de Figueres y nos encontramos con las barreras del paso a nivel bajadas. Allá, en Japan, si bajan las barreras de los pasos a nivel es porque el tren va a pasar inmediatamente.
Aquí no.
Llegamos con las barreras ya bajadas y aún tuvimos que esperar casi 6 minutos a que volvieran a subir. Desesperantemente peligroso. No me extraña que la gente a pie o en bici cruce, hartos de esperar. Y porque los coche no podemos, sino, también lo haríamos.
Como no había prisa porque tampoco íbamos a ningún lado, no entré en mi fase odio-a-la-sociedad. Sólo me quedé con la sensación pasajera de jo-qué-lástima.
Como regalo del día, alquien hizo una declaración de amor en la parte trasera del coche - la frase suena “sucia”, pero no lo es - .


